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Movilidad Urbana Sostenible en Ciudad Juárez |
Fernando Lozada Islas - Profesor investigador en temas de transporte y movilidad urbana Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
La movilidad urbana es el fenómeno cotidiano en el que participamos todos los que nos desplazamos en la ciudad, en los diferentes medios y modos de transporte, para llevar a cabo nuestras actividades laborales, formativas, sociales, de abastecimiento, de esparcimiento, etc.
En nuestra ciudad, el “abanico” de opciones que tenemos para desplazarnos se reduce al transporte colectivo (transporte público, de personal y escolar) y a los automóviles particulares. En estos últimos se llevan a cabo casi el 60% del total de los desplazamientos, mientras que en los primeros se haría el 23%. El 17% restante correspondería a los desplazamientos peatonales, que desafortunadamente son para trayectos de (mucha) proximidad.
Se puede observar por lo tanto que los modos y medios alternativos de transporte, como el taxi, la bicicleta, la motocicleta, etc., son prácticamente inexistentes. No obstante la problemática de nuestra ciudad no estriba en que la movilidad se encuentre polarizada por un lado en el auto particular, predominantemente y, por el otro, en el transporte colectivo.
La verdadera problemática, de hecho el verdadero problema, se encuentra en la calidad, la eficiencia y la suficiencia de esos dos medios de transporte, y de toda la infraestructura que requieren, como soporte de una movilidad urbana amigable con el medio ambiente:
• La antigüedad del parque vehicular del transporte colectivo, en un 97%, se sitúa entre los 10 y los 27 años o, si lo acotamos más, el 80% de las unidades tienen entre 14 y 21 años. Esto sin considerar que existiría cerca de un 50% de unidades “piratas” adicionales a las aproximadamente 4,500 oficialmente registradas.
• El panorama en lo que corresponde al automóvil particular, desgraciadamente, no es muy diferente, pero eso sí, muy superior en número: los registros oficiales superan los 400,000 automóviles pero es evidente que hay un porcentaje adicional muy significativo (que fluctúa entre el 20 y el 40 % del total, según los tiempos políticos en que se evalúe) que circula aunque no esté contabilizado.
Se trata de un nivel de motorización irracional (más del 70 % de los hogares dispondrían de al menos un automóvil) favorecido por su bajo costo, la irregularidad, y la tolerancia a la falta de placas, de tenencia, de seguro, de licencia de conducir, de engomado ecológico y a sus altos niveles de contaminación.
La infraestructura de movilidad, por su parte, entendida como las vialidades, sus especificaciones de seguridad, su mantenimiento, los señalamientos así como los equipamientos necesarios para garantizar una sana y segura convivencia entre automotores y peatones, está aún lejos de los estándares mínimos deseables para alcanzar una movilidad urbana sustentable, amigable, o menos nociva, con el medio ambiente.
Podríamos resignarnos y pensar que los beneficios de la urbanización traerían aparejados los perjuicios de la motorización, pero si bien es cierto que la urbanización y la motorización son procesos simultáneos, paradójicamente (ya que si la urbanización nos hace vivir cada vez más agrupados, ¿por qué preferimos un medio de transporte individual en vez del colectivo?), también está ampliamente demostrado que no hay una relación directa de causalidad entre urbanización y motorización: la lógica de “baja densidad urbana” / “largos recorridos” / “alta motorización” no se registra en todos los casos así como la de “alta densidad” / “recorridos cortos” / baja motorización” presenta numerosas excepciones.
Las grandes aglomeraciones, densas y bien cubiertas por una red de transporte colectivo parecen disuadir la motorización, o al menos el uso del automóvil: en el caso de Paris sólo el 52% de los hogares dispone de automóvil.
La solución parecería entonces muy simple: promover medidas enérgicas de disuasión, incluso de prohibición, del automóvil en la ciudad, pero no podemos soslayar que ello nos llevaría a un caos en la medida en que no se cuenta con un verdadero sistema de transporte colectivo y de desplazamientos alternativos que constituya una opción digna de movilidad para todos los ciudadanos, “los de coche y los de a pie”.
Adicionalmente, y no menos importante, es el hecho de que las políticas autoritarias ya han sido desterradas, esperemos que definitivamente, de nuestro sistema de convivencia social, por lo que las acciones se deben orientar a la disuasión y a la concientización. Estas acciones encontrarán sin duda alguna un soporte fundamental en los logros que se alcancen con el “Pacto por la Gobernabilidad” y con el “Pacto para una Movilidad Sostenible” que promueve el Plan Estratégico de Juárez y que demandan una participación cívica activa de todos los citadinos.
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