Fecha de Publicación: Viernes, Febrero 26, 2010
Muestran el lado bueno de Juárez en concurso de Himno Nacional
Martín Orquiz
El Diario
Los casi 600 niños que participaron ayer en el Concurso Regional del Himno Nacional Mexicano mostraron la cara limpia de Ciudad Juárez, una que está llena de valores como la disciplina y el amor a los símbolos patrios que los pueden llevar a convertirse en buenos ciudadanos.
Diez fueron las primarias estatales que lograron llegar a ese certamen, pero sólo dos, la Ignacio Zaragoza y la Bucareli 2031, representarán a Ciudad Juárez en el próximo concurso estatal que se realizará en la ciudad de Chihuahua, dio a conocer la jefa académica de Primarias en la Zona Norte, Esperanza Chacón.
Con gritos de júbilo que rompieron la solemnidad que prevaleció durante todo el evento, los alumnos de la institución que ganó el primer lugar se abrazaron y hasta derramaron lágrimas.
“Lo hicimos, lo logramos”, dijo una de las alumnas de la Ignacio Zaragoza.
Sin embargo, lo más importante es que están dando muestra del amor que tienen para su país, lo que puede ayudar a que la ciudad salga de la crisis de valores que enfrenta, coincidieron maestros y padres de familia.
“Un himno es un símbolo distintivo de un país que -cuando es escuchado- llama a sus ciudadanos a cumplir con los deberes patrios”, dijo el maestro de ceremonias al micrófono, mientras que los alumnos escuchaban con atención, antes de nombrar a los ganadores.
De hecho, el comportamiento de los cientos de alumnos congregados en el Auditorio Municipal Benito Juárez fue ejemplar, tanto que a través del sonido local se les dio una felicitación.
De grupo en grupo, los participantes en el evento fueron subiendo al estrado, donde interpretaron con voces infantiles y armónicas, las estrofas del Himno Nacional.
En el evento participaron alumnos de las escuelas estatales Bucareli 2031, Francisco J. Mújica 2681, México Lealtad 2321, Sierra Madre, Centro Escolar Revolución, Miguel Ahumada 2037, Antonio Ortiz Mena, Ignacio Zaragoza, Benito Juárez 2467 y 5 de Mayo 2351.
Las niñas, en su mayoría, adornaron sus peinados relamidos con moños que portaban los colores nacionales: rojo, blanco y verde.
Los niños, con sus uniformes arreglados y sus corbatas escolares colgando al pecho, se mostraron disciplinados.
Ninguna de las interpretaciones fue aplaudida por la rigurosa solemnidad del acto cívico, a través del que se recordó la creación literaria de Francisco González Bocanegra y la composición musical de Jaime Nunó, que combinadas dieron a México uno de los símbolos que lo representan al interior y exterior del país.
A pesar del frío que se sentía en el auditorio, los niños realizaron su mejor esfuerzo en el escenario e incluso fuera de éste. En las últimas filas, los padres de familia se aglomeraron para que sus cámaras pudieran captar la actuación de sus hijos, algunos de los cuales de vez en cuando volteaban para verificar que su familia estuviera ahí.
Al localizar a sus seres queridos, levantaban una mano para agitarla en el aire y llamar la atención de sus parientes. Una vez contestado el saludo, los estudiantes regresaban a su rígida posición en los asientos.
Aunque todas las interpretaciones que se escucharon ayer fueron aceptables, hubo niñas que rompieron en llanto al considerar que no se desempeñaron lo suficientemente bien.
Sus maestras o profesores acudieron presurosos a consolarlas.
Mientras que el jurado deliberaba el resultado, los grupos de danza de otras escuelas presentaron diferentes bailes folclóricos regionales, incluido uno característico de Chihuahua con indumentaria Rarámuri.
Hasta entonces se rompió la solemnidad, ya que los alumnos se relajaron y aplaudieron el esfuerzo de sus compañeros danzantes.
Fue en ese momento cuando la algarabía y el júbilo hicieron ver el verdadero carácter de los estudiantes.
Cuando los resultados de las calificaciones obtenidas por cada uno de los grupos se dio a conocer, los ganadores estallaron en gritos y abrazos, mientras que los demás se observaron contentos por haber participado en el evento.
A la salida, se pudo observar que algunos de los estudiantes acudieron sin desayunar.
“¿Me trajiste mi lonche? Ya dámelo, tengo hambre”, apuró imperativa una niña a su padre cuando se lo topó en las escaleras del acceso al auditorio. |